miércoles, junio 28, 2006

LA BALADA DE JOHNNY WALKER - Renfe's Death Valley

(Per un pugno di dollari)

Queridos y queridas damas y caballeros, como todos habrán notado (al menos en el hemisferio norte) ha llegado el verano y con él un calorazo que funde las muelas. Si a eso le unes que muchos aún tenemos que ir a currar en tren, te das cuenta de que es cuestión de tiempo que el surrealismo le dé un nuevo sentido a la vida. Y si uno viaja en cercanías de R.E.N.F.E, pues ya ni te cuento. Hace unos días, tras un retraso especialmente tocagüevos, alguien de mi vagón exclamó que aquello parecía el salvaje Oeste o algo así. Y a lo tonto, de allí salió esta ida de pinza llamada...

LA BALADA DE JOHNNY WALKER

(Si le ponéis ahora música de Morricone se leerá mejor, y si antes os arreáis cuatro tequilas, lo veréis en tres dimensiones. Para que digáis que luego no me lo curro. Los lectores ante tó)

Johnny entreabrió los ojos aquella mañana de junio. Era una mañana fresca, deliciosa. Como buen cowboy, Johnny no se había molestado en quitarse más que las espuelas para dormir, de manera que se levantó de su mugrienta cama y puso inmediatamente la sartén al fuego. Un buen desayuno de judías con tocino y café le daría fuerzas, pensó. Aquel día iba a ser especialmente peligroso. De manera que, mientras engullía trozos de tocino, se obligó a repasar mentalmente sus planes.

Aquella mañana, Johnny debía viajar hasta Barcelona City desde las llanuras que rodeaban Cercanías Gultch para ayudar en no se sabía qué negocio de ganado. Probablemente le tocaría ir de mozo de cuadra, como siempre, pero era trabajo bien pagado y, de todas formas, era mejor que ir dando varazos y gritos a las vacas. Pero el camino era largo y peligroso, sobre todo teniendo en cuenta que los bandidos de la banda de aquel rufián apodado “El Alcalde” se le habían llevado el caballo con la grúa. Ahora los muy canallas le pedían un rescate de tropecientos dólares por su querido caballo, pero como siempre, Johnny estaba pelado como una rana de tanto darle al güsikazo en el Saloon.

De manera que Johnny no tenía más remedio que traspasar a pié, o como pudiese, toda la llanura. Se calzó las botas, se puso al cinto el revólver, se caló el sombrero hasta las cejas y se dirigió hacia el puesto de la diligencia, llamado “Estación de Renfe” hacia Barcelona City. Como siempre, a aquellas horas de la mañana no había ni diligencia ni leches. Tendría que coger un tren.

Lo primero que vió Johnny fué una inmensa multitud de gente rodeando la casa desde donde se dirigía el tráfico de diligencias, de manera que casi le costó entrar por la puerta. Había tal muchedumbre que podría haberse colado, pero prefirió por el bien de su caballo ser honrado y comprar su billete. De manera que se dirigió al taquillero.

- Buenos días, un abono mensual para Barcelona City, por favor.
- ¿Un qué?
- Un abono mensual para Barcelona City, por favor.
- No entender.

Así mira una cola de cinco metros un taquillero que los tiene bien puestos


Entonces Johhny se fijó en su interlocutor y vió que era un indio. Por suerte, siempre se le habían dado bien los idiomas.

- Haw!
- Haw!
- Que el Gran Manitú te proteja.
- Y que el Espíritu de las Montañas guíe tus pasos. ¿Hombre blanco, qué querer?
- Hombre blanco querer permiso hermano indio para cabalgar en caballo de hierro por las verdes praderas hasta tierras lejanas, mu lejanas, donde hombre blanco cazar y dar de comer a sus hijos.
- Hug! Ser cuestión delicada. Hermanos de las tribus sindicales mayoritarias haber desenterrado el hacha de guerra. Ellos negarse a servir más hombre blanco porque decir estar hasta las narices de que sus jefes putear ellos.
- Mi no entender. Si ser Gran Jefe indio quien putear a tribu, ¿por qué tribu no cortar los cojones a Gran Jefe en lugar de declarar la guerra a hombre blanco?.
- Ellos decir, ser cuestiones diplomáticas delicadas, pero ellos dar impresión de no haber huevos de llevar contraria a Gran Jefe. De todas formas, extranjero, tú tener suerte. Salir Caballo de Hierro hacia Barcelona City cuando hermano sol tocar con sus rayos Gran Árbol.

Eso era dentro de media hora. Joer cómo estaba el patio... visto lo visto, tendría que preguntar por los horarios de vuelta, no fuera a ser que le diera la noche en Barcelona City. Había oído que allí, los hoteles eran carísimos, las estaciones estaban llenas de forajidos, y los burdeles eran de tercera regional. No quería correr riesgos...

- Decir, hermano indio, ¿cuántas lunas tener que ver hombre blanco en el cielo para poder cabalgar de vuelta?
- Cuestión difícil de definir así por las buenas. Tener que consultar con brujo de tribu. Esperar, llamar a este teléfono y decir hombre blanco ir de parte Taquillero Sentado. Tratar bien. Haw!.
- Haw!

Johnny sacó su móvil y se dispuso a aprovechar el tiempo de retraso del tren asegurándose de que al menos iba a estar de vuelta para poder pagar el rescate de su caballo a tiempo. Con mano firme, marcó el número que le había facilitado su amigo apache.

Un tono, dos tonos, tres tonos... y de repente, una música horrible acompañada de una voz de ultratumba dándole unas instrucciones raras sobre la combinación de símbolos que tenía que marcar para invocar al brujo de la tribu. Tras diez minutos de intentos fallidos, lo logró.


- Renfe Información, ¿dígame?.
- Yo querer hablar con brujo tribu que gestiona Gran Caballo de Hierro que cabalga por la pradera...
- Sí, vale, chato, puedes hablar utilizando pretéritos, que yo sólo soy apache de adopción. A ver, ¿qué te preocupa? ¿Amor, dinero, salud?
- No, mire forastero, yo sólo quería saber los horarios del tren.
- Uy, un hombre rudo del oeste, con lo que me gustan... bueno, chato, a tí no te puedo decir que no. A ver, la pregunta es difícil pero haré lo que pueda... a ver, dime un número del uno al veinte.
- ¿Me quiere tomar el pelo?
- Uy qué va, chato, a tí nunca. Pero tómatelo en serio y concéntrate, que ésto es importante. Tú dime el número, anda.
- El cinco.
- Por el orto te la hin... uy, perdón, chato, es la costumbre. A ver, uno, dos, tres, cuatro, cinco. Me sale la Torre, chato, tú estás pasando un periodo de grandes cambios. Luego los amantes, ¡uy, luego la muerte!. Uy, uy, uy, me parece que un ser querido las está pasando canutas... y por último...
- Oiga, brujo, ¿se puede saber cómo sabe usted todo eso?.
- Paciencia hombre, paciencia, que esto del Tarot lleva ver primero el presente y el pasado, pero tú tranquilo, que aquí donde me ves, yo, como una tumba. Ni palabra palabrita a nadie, excepto tal vez a algún programa del corazón donde me ofrezcan muchísimo dinero. Por cierto guapetón, ¿tú no serás famoso?.
- (Joder, vaya mierda de adivino)
- ¿Perdona?
- Que no, que no soy famoso. ¿Y cómo tengo el horario de vuelta, oh Gran brujo apache?
- A ver, me sale primero El Loco, uy, esto va a ser menos predecible que el tipo de cromosomas sexuales de los personajes de una película de Almodovar, guapo... y luego... uy qué mal lo veo, hijo, fatal, pero fatal fatal fatal: ¡te acaba de salir El Colgado!. Y eso es que hoy por hoy te vas a quedar más idem que un jamón...
- Oiga Gran Brujo, no me fastidie que me la juego... además, Taquillero Sentado me acaba de decir que es usted el summun de los Oh Grandes Brujos indios, vamos. El no va más. La repera limonera en bicicleta.- (Sí, Johnny lo tenía que intentar aunque fuera dando jabón)- Si no me lo dice usted, ya me dirá cómo vuelvo... ¿no querrá usted algo a cambio de decírmelo, verdad?. Porque tengo un agua de fuego que tira patrás, y aunque sea usted apache de adopción, forastero, le debe a usted tirar el güsiki que dá gusto. Le huele el aliento de borrachuzo hasta por teléfono.
- Ay, gracias guapo, pero ya pagas un euro veinte mas IVA por minuto y eso me dá para muchos mojitos. Pero no te preocupes, que si vienes de parte de T.S, te voy a tratar como a un rey. De momento, para que las señales sean más claras, voy a tener que hacer un ritual para contactar con el Gran Manitú, a ver si él sabe algo.
- Oiga, ¿y me sigue cobrando el tiempo?
- ...
- ¿Gran Brujo, me oye? ¿oiga?
- ..............................
- ¡Eo!
- ..........................................
- ¡Oiga! ¿me oye? ¿Encanna? ¿Hay alguien ahí? ¡Gran Brujo! ¡Eh!
- Chato, no hace falta gritar, que te oigo perfectamente... sólo me estaba cambiando de ropa para bailar alrededor del tótem de la tribu. Y hablando de ropa, guapo, ¿qué llevas puesto?.
- ¿Cómo?
- Yo sólo llevo puesto un tanga... va muy bien para bailar en círculos...

Y antes de que Johnny pudiera impedirlo, amenazarlo de muerte o colgar el móvil, el Brujo de la tribu le envió via SMS la siguiente imagen surgida de los avernos paganos, que le hizo estremecerse ante la tremenda crueldad de los rituales de aquellos pieles rojas:

Por el bien de la humanidad, es mejor que las almas sensibles no vean esto... creedme...


Ante aquella visión horrible, Johnny sintió el deseo irrefrenable de:
a) Colgar el teléfono inmediatamente.
b) Lavarse los ojos con aguarrás.
c) Dejar definitivamente la bebida y el tabaco de mascar.
d) Alistarse en el Séptimo de Caballería y dedicarse el resto de su vida a hacer pagar aquel mal rato a los Apaches.

Pero su personalidad de hierro forjada al crecer entre excrementos de ungulados enormes, y el amor que sentía por su caballo, le hicieron desistir de tal idea. Acarició su revólver, le pegó una calada al cigarro, y volvió a hablar:

- Oiga, amigo, ¿no podría arrancarme la cabellera o algo así en lugar de hacerme presenciar esto? ¿No sería lo mismo?.

Con resignación comprendió que todo era inútil, ya que sólo se oía de fondo el sonido de los cánticos paganos del Gran Brujo:

- Aheiya, aya, aheiya, aya, aheiya, aya, Aheiya, aya, aheiya, aya, aheiya, aya, Aheiya, aya, aheiya, aya, aheiya, aya, Aheiya, aya, aheiya, aya, aheiya, aya, Aheiya, aya, aheiya, aya, aheiya, aya, Aheiya, aya, aheiya, aya, aheiya, aya...

Las dudas de Johnny sobre si realmente aquel brujo poseía los poderes que decía tener quedaron pronto disipadas. La brisa matinal de verano en Cercanías Gultch se tornó de pronto un viento fuerte acompañado por el sonido de los truenos y la amenazadora presencia de nubes negras.

- Oiga, Gran brujo, ¿seguro que no se confunde y está bailando la Danza de la Lluvia?
- Aheiya, aya, aheiya, aya, aheiya, aya, Aheiya, aya, aheiya, aya, aheiya, aya, Aheiya, aya, aheiya, aya...
- Ni puto caso, hala... venga...
- Aheiya, aya, aheiya, aya, aheiya, aya, Aheiya, aya, aheiya, aya, aheiya, aya, Aheiya, aya, aheiya, aya... uy, si me estoy mojando... ¡seré despistao, pues no estoy bailando la Danza de la Lluvia!

Demasiado tarde. Cercanías Gultch ya estaba a punto de llamarse Cercanías Gultch Big Lake. Por suerte, la cobertura se había ido a tomar por saco y Johnny pensó que, al fin y al cabo, se había librado del brujo. De todas formas tampoco le hubiera servido de mucho, pues un altavoz ya estaba diciendo algo así como:

- “Hermanos Pieles Rojas de las llanuras informar que como cada vez que cuatro gotas caer, circulación de Gran Caballo de hierro en Barcelona City quedar más loca que perrillo de la pradera tras caer en tonel de agua de fuego. No saber cuándo retomar circulación, y si nosotros saber, nosotros no decir, hombre, a ver si creer que nosotros quitar tensión dramática al asunto”.

Y nada más dicho esto, los avispados Pieles Rojas utilizaron su innata habilidad para confundirse con la naturaleza y desaparecieron de la vista en un parpadeo, dejando todas las taquillas cerradas, dos de las tres máquinas autoventa averiadas, la restante que no daba cambio, y a veintenas de personas mojándose bajo la lluvia sin poder volver a salir por las puertas automáticas. Johnny comprendió que había caído prisionero de los indios y que si no escapaba su cabellera valdría menos que una estrella de Sheriff en el Ayuntamiento de Marbella.

(Pronto sabremos la continuación de las aventuras de Johnny, el cómo logró escapar de los indios, el porqué el tren tardó más de dos horas en hacer veinticinco quilómetros, cómo los adelantaron aquellas cinco monjitas octogenarias en bicicleta –que más adelante asaltaron el tren-, cómo sobrevivió al duelo con los hermanos Dalton que pretendieron robarle dos euros por un puto trayecto en autobús de cinco minutos, el enfrentamiento con las autoridades locales de la Wells & Fargo que se resistían a expedirle un justificante de retraso del tren, y el cómo por fin logró rescatar a su caballo. Pero eso ya es otro capítulo de...

LA BALADA DE JOHNNY WALKER)

Te vamos a sacar hasta las muelas del juicio si quieres subir al bus, capullo...

7 comentarios:

Siltha dijo...

xDDDDDDDD ¡Qué panzá a reir... XDDD! Diox, continúalo pronto, porfi...

Darja dijo...

buaaas...

gracias Jose, acabas de alegrarme mucho un ratillo de un dia bastante asqueroso ^_^

que risas...no tardes en seguir >XDDD

Noe_Izumi dijo...

*se parte de risa, no habla*

Keirana dijo...

Que ida de olla tan grande XD

Hilarante y absurda historia basada en la vida real...

Absolutely genialicus (no es un hechizo... creo....)

Mirian_Deed dijo...

diiiiiiiiso!! X_DDD

¡que ida de pinza! ¡you are the master! XDDDDDDDDDDD

El Jose dijo...

*El Jose, como Noe. No puede escribir. Está to colorao del subidón que le ha dao al leer los comments, y a pesar de estar pasando la p**a semana de su vida tras el remake casero de Oposiciones Strikes Back, está por llamar a su abuelita y decirle que tiene competencia y que más le vale superarse por Navidad* XD

Devioren dijo...

X______D

Lo de los perrillos me ha llegado al alma XD

Tío, ¿de verdad se te ocurren estas cosas en el tren? Me mola cómo te regodeas en tus idas de pinza XD