martes, junio 26, 2007

Ej quet-toy mu liao...

Jose... ¿ánde te metes?

¿Ánde te metes, Jose, me preguntas tú, clavando en mí tu pupila asul? ¿Ánde te metes? ¿Ándevás? ¿Qué semos? ¿Anóne vinimos?

Y sobre todo... ¿PA QUÉ TANTO?

No, chicos y chicas, no he vuelto oficialmente todavía. Me falta un poquitín para retomar en serio mi ladrillera misión en el mundo. Pero hoy, por cojones, me tengo que pasar (sin hacer otra cosa que vigilar el teléfono) tres horas en la oficina, fuera de horario de trabajo, sin hacer otra cosa que matar el rato hasta que me hagan un encargo desde el otro lado de la línea... y me he dicho, oye Jose, a lo mejor alguno de tus lectores quiere saber de tí y tal... o no... total, que me he puesto a improvisar un post con todo lo que me ha mantenido ocupado estos meses. Sin guionizar. Sin pensar. Sólo dejando ir los dedos por encima del teclao, a ver qué sale... pero joer, es que si aún queda alguien por este rincón de Interné, por lo menos se merecerá una explicación.

Pues liao, queridísimas damas y queridísimos caballeros, liao. He estado liao. Más que liao. Liadísimo. ¿Con qué? Os preguntaréis. Bueno, así a bote pronto, con varias cosillas:

1ª cosilla: yo y el matrimonio.

Pos ná, que iba yo un día como siempre, a mi bola, de buen rollito, sin molestar a nadie y tal... y casi como sin quererlo, voy y decido casarme.

Por tocar los güevos, más que ná. Siempre me ha gustado tocar los güevos. Que se ponen de moda los dinosaurios, pues yo me pongo a descubrir el apasionante mundo de punto de cruz; que se lleva seguir los realitis de la tele, pues me pongo a leer los clásicos, que si Homero, que si Platón, que si Mortadelo; Y como ahora lo que se lleva son los divorcios esprés, pues oye, que me tiraba lo de casarme y todo. Aunque fuera con mi mujer, que al fin y al cabo, ya puestos a casarme con alguien, mi mujer presentaba muchas ventajas. Amos hombre amos amos AMOS, ándevaparar. Entre otras cosas, que ya tenía listo el vestido de novia y que me había prometido no usar la capaora de gorrinos del abuelo siempre que fuera con ella con quien me casara. Visto que no iba a encontrar mejor oferta ni en el Mediamarkt, y con gran pesar en el mundo de las casas de masaje oriental con final feliz de Barcelona, al final acabé sentando la cabeza y formando una familia de las clásicas de toda la vida. (De las que tampoco se llevan, por cierto. Por seguir tocando los güevos...)

2ª cosilla: yo y el apasionante mundo de las hostias como panes.

Por tocar los güevos, también, me dió por arrastrar a mi mujer a una escuela de artes marciales.

Más que ná, porque soy mu perro para ir en plan Tarzán defiende Jane, sobretodo para darme de guantás a estas alturas sin necesidad de impresionar a ninguna chavala. Eso del meterse una jartá de hostias como ruedas de carro para resultar atractivo al sexo opuesto igual funciona con desconocidas, (y me atrevería a añadir niñatas, bobaliconas, perezosas y con la autoestima más baja que las recaudaciones de cine español en el 2007). Pero lamentablemente, mi mujer ya me tiene calao hasta el hueso.

Básicamente se resume en la ley no escrita del matrimonio número 523, uséase la que sigue: “Oye tú, no me vengas con hostias, que estamos casados. Y eso significa que si hay que madrugar en sábado para comprar pan se madruga, y si te tienes que meter de hostias en la calle pues te metes, y si te pica te arrascas, que son deberes de buen marido. O si no esta noche te vas a hacerle carantoñas al sofá.”

Y claro, como comprenderéis, queridos lectores, eso le quita mucha gracia y mucho morbo al asunto... total que se me ocurrió apuntarla a una de esas artes marciales que dicen que las mujeres aprenden rápido, a ver si colaba y servidor se ahorraba el papel de macho alfa protector de la manada...

... en MALA HORA SE ME OCURRIÓ.

Primero, porque me puso como condición que me APUNTARA con ella, o si no, no iba.

Segundo, porque la tía, a pesar de sus treinta años y su historial de nula cultura física, ha resultado ser un GENIO a la altura de un puto JET LI capaz de sacarse dos grados en ocho meses, pulverizar récords de número de puñetazos por segundo (E. HONDA y sus Mil Bofetadas se quedarían cortas), ver huecos en la guardia del contrario con capacidad casi sobrehumana, y estar ahora mismo coqueteando con el saco de pared, en el cual ha descubierto un magnífico pasatiempo. Incluso creo que me lo va a pedir para Navidad. Fijo, vamos. Me juego las contraseñas para los juegos Bishoujo.

Tercero, porque le ha dao por practicar a CUALQUIER HORA y en CUALQUIER LUGAR, tendiéndome emboscadas en plan comando, apareciendo de las sombras como un jodido ninja y hundiéndome las costillas en el hígado de un soberbio patadón frontal con el talón (siempre seguido de la pregunta con voz de mosquita “¿te he dado muy fuerte?” a lo que le sigue invariablemente “Uy lo siento lo siento lo siento lo siento lo siento perdona perdona perdona perdona”). Menos mal que yo tengo una base sólida en esto de las guantás y estoy avanzando a su ritmo, por lo que tampoco lo hago mal y casi siempre minimizo el daño (ante lo cual, más que alegrarse, replica con un más que frío “Qué repelente” antes de marcharse con una promesa de venganza clavada en su mirada....) Y para qué os voy a engañar, me encanta seguirle el juego. Cada día la encuentro más guapa...

Al fin y al cabo, esto de las tollinas siempre me ha gustao, y no sólo se ha convertido en uno de los pilares de mi matrimonio sino que me estoy poniendo más burraco que cuando tenía veinte años... en fin, de todo se aprende...

Lo que me llamó la atención fué la cantidad de jovencitas en edad púber que hay en la escuela de artes marciales, aprendiendo estilos DUROS...

En mi época, cuando yo iba al colegio, las chicas eran esos seres extraños con coletas ante los cuales los niños no podíamos pegarnos porque siempre, siempre, se ponían enmedio insultándonos diciendo que éramos unos bestiajos inmundos o algo peor. Más tarde, cuando iba al instituto, eran unos objetos de deseo que siempre acababan por irse con el killako más bestia, pero que como mucho, si se enfadaban y el bestiajo del novio no andaba cerca, pegaban alguna patada en la espinilla o se tiraban de los pelos. Ahora, las que ahora tienen la misma edad que las de entonces son capaces de plantarte una doble patada en salto en toda la boca si consideran que les estás pidiendo algo más que fuego.

Y eso MOLA. Siempre me han gustado las mujeres guerreras. Incluso de pequeñito, era de los que pensaba que Blancanieves era una acelga recocía que merecía quedarse en esa cama para siempre, por bobipánfila.

Aparte de el-llo, pues como que nos han visto a la mujer y a mí responsables y tal, y hemos acabado yendo a varios campeonatos por aquí y allá. Nuestro estilo no compite, pero hemos acabado haciendo tanto de árbitros como de coach de los compañeros... y aprovechando para hacer turismo a precios tiraos, qué leches ;)

Claro que de tanto ver competición, mi santa señora esposa ya se está pensando el presentarse a combate libre en semi-contact... de manera que si se decide del tó, deseadme suerte, porque ya sabéis quién es el pringao que va a hacer de sparring...

Y ahora tocaría hablar sobre el CURRO...

... pero tengo otra idea, y además ya se me acaba el tiempo y tengo que colgar. :)

Ya falta menos para que esto sea el blog cashondo de siempre... pero a todos los que estáis por ahí, os tengo que invitar a una cena o algo por la paciencia.

Cuídense mucho, damas y caballeros, y sean felices.

PD: No podía irme sin antes anunciar que CHUCK! Ya tiene nuevo sucesor como FARO de Vigo que guía los principios de éste su humilde blog.

Es ÉL.

Es MI PUTO HÉROE.

Es el TIPO POR EL CUAL LE ENTRAN GANAS A UNO DE TENER DIEZ AÑOS MENOS Y SER MONOSESUARL.

Es...



ÉL.

martes, junio 12, 2007

Message in a boooottle, yeeeeh... message in a booootle...

Post MU rápido:

Mensaje en una botella, stop.

Estoy vivo y coleando, como siempre, stop.

Funcionalidad del sistema al 200%, es decir bajillo para los estándares habituales, pero todo se andará de nuevo, stop.

La vida matrimonial de cojones y la familia divertidísima, gracias, stop.

El mundo real me tiene atrapado por las pelotas, stop.

Quién me mandaba a mí madurar responsablemente y tener amigos y familia sabiendo que alguna vez me iban a necesitar, stop. Con lo bien que se vive pensando sólo en uno mimmo yendo de putas de vez en cuando, coño, stop.

Encima los de Telefónica no me meten interné en casa ni pagando, stop.

Us esho musho de meno, cabroneh, stop.

Ya volveré, ya. Que me muero por estrenar el escáner, joder...