martes, mayo 20, 2008

Autogilibiografida de mi fida sin mí mimmo(I)

AVISO: Esto es una disparatada parodia autobiográfica para conmemorar que aún sigo vivo cuando estoy a ná de cumplir los treinta, de modo que a quien le aburran estas cosas, aire, chaval, que estás perdiendo el tiempo aquí cuando aún te queda tanto hentai del duro por bajarte. Naturalmente, todo lo que pone es verdad, pero me he permitido alguna licencia poética, como que por ejemplo, el de abajo no soy yo. ¿Qué queríais, joder? ¡Necesitaba la imagen de un bebé fotogénico!



Damas y caballeros, dentro de dos semanas como quien dice este su humilde servidor tendrá el privilegio de cumplir sus primeros treinta años dando por saco en el planeta.

Ha llegado el momento de reconocerlo: ya no soy joven. Y he decidido celebrarlo. Sí, qué pasa, celebrarlo. Ya sé que si uno ha mamao tanta tele como usted y yo, la tendencia natural sería pensar en un final rápido y sin dolor arrojándonos desnudos y con un chuletón de Ávila introducido en el esfínter a una piscina llena de cocodrilos antropófagos alimentados desde su nacimiento a base de barritas de acelga Biodiet, pero ME NIEGO a seguir la corriente a todos esos treintañeros que se dedican a identificarse con las protagonistas de Sexo en Nueva York. De hecho, entre nosotros, ya estaba hasta las pelotas de ser joven. Total, no sé pa qué sirve tener una vitalidad envidiable, una salud de hierro, una mentalidad refrescantemente idealista y un atractivo sexual como el que jamás volveré a tener en la vida si lo comparamos con la apacible tranquilidad que te dá el saber que los compañeros del insti que realmente tenían todo eso ahora están tan calvos, tan llenos de michelines y con la cuenta corriente tan pelá como uno.

Y es que si esto fuera un mundo ideal, la gente se sentiría orgullosa de que usted hubiera llegado tan lejos en la vida gracias al sacrificio, la profesionalidad y el esfuerzo. Pero esto no es un mundo ideal, entre otras cosas porque está poblado por gente tan... tan... tan como usted. Ese mundo donde por fin uno se da cuenta de que lo que importa en la vida no es llegar muy lejos, sino reírse en la puta cara de los que prometían la tira, se esforzaron el doble, y ahora tienen que tragar que comparten clase social con gente como usted. Y para que nos vamos a engañar, ¿no es fantástico comprobar que al menos usted se lo hubiera pasado mejor que el sufrido estudiante que ahora mismo está como usted si no hubiera sido porque usted se ha pasado toooooda la puta juventud sumido en una vaharada alcohólica tratando de olvidar que su vida interior era más aburrida que Stallone recitando poemas infantiles de Gloria Fuertes?. ¿Qué es preferible, conducir un gama alta camino del club de golf, o ver la cara que se le ha quedao al capullo del Borjamari, el que siempre te levantaba las nenas por pijo y chulo, tras currar tres meses de telemarketing al quebrar la inmobiliaria del joputa de su papá? ¿eh? Y es que hay cosas, queridos lectores, queéeeee... no tienen presio...

En fin, que para celebrarlo, decía, queridos lectores, he decidido hacer una excepción a mi política de posts generalistas y semipersonales para poner las cartas sobre la mesa y contarles mi apasionante vida empezando por mi infancia, por una razón fundasmentá: que llega un momento en la vida de un hombre en la que uno nota que es el momento de hacer balance.

(Generalmente, suele ser el primer gatillazo ruin, hijoputa y traicionero que uno tiene tras haber mamao más de tres cubatas justo, justo, JUSTO, cuando por fin se encontraba a punto de llevarse al güerto a esa viuda millonaria y adicta al matrimonio compulsivo con frikis desconocidos, sí, esa que pese a rondar los cuarenta aún tiene más curvas que un anuncio de Michelín. Pero como a mí eso me pasó de muy joven, pues como que no cuenta o cuenta menos).

Así pues, ahí va la historia de mi infansia, que básicamente la cuento porque es la única época de la vida que pese a las gilipolladas que se haya hecho resulta entrañabe a todo el mundo y, además, confieses lo que confieses, no es delito.

Este servidor de ustedes era muy niño cuando nací. Yo hubiera querido nacer en Finlandia, pero como mi madre estaba en ese momento en Zaragoza, pues me pareció que era hacerle un feo, de modo que nací en Zaragoza. Mi infancia hubiera sido muy feliz si mis progenitores no hubieran sido vegetarianos integristas, er, perdón, que diga, integrales. No toqué un huevo ni un muslo hasta los siete años, que dicho así queda feo, pero aprendí muchas cosas útiles para la vida, por ejemplo, que por mucho que digan, los batidos de remolacha y zanahoria no te bajan la fiebre. Si por lo menos hubieran sido hippies o algo así, hubiera aprendido cosas realmente importantes, como el significado de la rueda de las reencaranciones o a liar porros con una sola mano, y por lo menos hubiera tenido una adolescencia divertida. Pero como eran más sanos que una pera que practicara yoga y culturismo, tuve que marear al hambre y aprender el funcionamiento del mundo con lo único que tenía a mano, que eran unos tebeos que un día aparecieron por la terraza.

Si hay algo que realmente recuerdo de mi infacia maña son los tebeos. Por aquellos tiempos mi papá trabajaba de noche y dormía de día, de manera que tuve que aprender por las malas que si te caías de un tercer piso como en los tebeos de Mortadelo, la cosa era más gore que aparecer a la viñeta siguiente envuelto en vendas. Por aquel entonces me metieron en un sitio lleno de canijos analfabetos e hiperactivos cuya mayor meta en la vida era inflarse a chucherías y cambiar cromos de extraterrestres, es decir, que me tocó mantener un primer contacto con el gran sistema educativo de los ochenta. Ya desde aquel primer contacto pude comprobar que habría dos constantes en aquel sistema: una, que la mayoría de enseñantes eran tan poco profesionales como llenos de buenas intenciones; dos, que más me valía ponerme a aprender cosas pero YA si de mayor no quería acabar dedicándome a la enseñanza como aquellos pobres.

Como por aquel entonces no teníamos a mano la Wikipedia me puse a leer lo más parecido que había por aquel entonces, es decir El Libro Gordo de Petete, magna obra gracias a la cual obtuve en tiempo récord toda la cultura general que he necesitado en mi vida, teniendo de inmediato respuesta a preguntas como "¿por qué me pica la nariz?" o "La apasionante vida de un pajarraco más raro que un pingüino verde que sólo vive en una cueva de Argentina donde San Pedro perdió el refajo y que no vas a visitar en tu puta vida". Gracias a las rentas que me proporcionó semejante bagaje cultural sin parangón pude dedicarme a lo que realmente me tiraba, que era el vicio: si pensáis que el trapicheo de rulas de diseño es un ambiente chungo, tendríais que haber visto como se ponía el recreo a la hora de pillar destranquis un Tigretón entre los niños de familias vegetarianas, que por aquel entonces estaba de moda...

Como el ambiente estaba chungo mis papis decidieron apuntarme a Judo, que era lo que se llevaba, pero como siempre, se olvidaron de comentarme de qué iba la cosa (de hecho, igual se creían que eran bailes de salón chinos, con todos los niños tan monos vestiditos de blanco). Total, que llegué yo de buen rollo, tranquilito, sin molestar a nadie, y de repente me ponen de pareja con otro niño que sin provocarle ni ná ¿pues no va y me lanza al suelo y me pone la rodilla en la cabeza? ¿pero habrase visto soberana mala educación del niñato de los huevos?. Naturalmente, en cuanto me soltó, le arreé un sopapo de reglamento que le dejó con peor cara que Don Pimpón... y allí acabó mi fulgurante carrera en el judo y comenzó mi carrera de boxeador, que hubiera sido muy prometedora si no fuera porque las restricciones de la dieta vegetariana me mantenían diez kilos por debajo de mi masa corporal óptima. Por suerte si me ponía de canto ofrecía un blanco casi nulo y la mayoría de las veces te librabas, pero la cosa no podía seguir así.

Lo que ganaba en salud gracias a tener un torrente sanguíneo completamente libre de perniciosas toxinas, lo perdía a la hora del recreo a base de hostias por abultar menos que una tira de Snoopy en el Salón del Manga, de manera empecé a traficar con chucherías para conseguir algunos cromos con los que comprar algún bocata de mortadela del Pozo, que era lo que mayoritariamente pillaban los abusones del recreo, a ver si así crecía algo, porque yo no tiraba parriba ni que me plantaran en un tiesto con abono.

Total, que viendo que en esto del boxeo de recreo no tenía futuro, opté por ponerme a estudiar, más que nada por ir armado de un libraco que, de un golpe bien colocao, podía resultar extremadamente doloroso además de resultar una protección excelente. Pero cuando más dominao tenía yo el patio de la escuela, a mi familia le dió por trasladarse a la costa catalana, con lo cual encima tuve que aprender idiomas. Pero ya me iba bien, porque total, la cosa ya no estaba como para tener remilgos a la hora de la comida, y me puse morao a bocatas de pantomaca con fuet y botifarra blanca, que otra cosa no, pero gastronomía, lo que se dice gastronomía, los catalanes son la leche. Claro que a cualquiera no le sabe de cojones un bocata fuet después de siete años de berenjenas, pimientos y sopas de ajo. Mira que si llego a ir al País Vasco... no veas...

Cuando llegué a mi nuevo colegio aprendí que los abusones del recreo catalanes pegaban tanto y con tan mala uva como los aragoneses, de modo que me sentí como en casa y, de paso, me declaré apolítico, porque está claro que mande quien mande y hable en el idioma que hable un abusón es un abusón, y abusones hay en tós laos, y en los recreos más. Pero llegó el día en que a base de bocatas de fuet y de caminar todos los días cuarenta minutos hasta el cole (las casas en el centro eran caras y la mía estaba pasao el quinto pino a la izquierda) gané mi primera pelea en el patio, si consideramos pelea aprovechar que el abusón estaba vuelto de espaldas para lanzarlo pabajo las escaleras. Es lo que tienen los bocatas de fuet, que no sólo creces, sino que encima te vuelven pícaro. Y pasó lo que tenía que pasar, que mis papás me cambiaron de cole. Nchts. Siempre lo mismo, tú... más de cincuenta peleas en el patio aquel año, y pa una en la que no me inflan a guantazos, me tengo que ir yo.

Para ver si trincaba algo de buena educación (porque el episodio de las escaleras sólo demostraba para mis papis que yo me estaba volviendo un matón sin escrúpulos que se dedicaba a tirar escalera pabajo a niños modélicos que pesaban quince kilos más, que salían del cole con diez bocatas más en la mochila de los que entraban y que se mareaban a la hora de leer algún polisílabo, de padres con encefalograma plano y tendencia al alcoholismo) mis papás me metieron durante la última etapa de mi escolarización en un colegio de esos que están llenos de monjitas octogenarias. No es que me cayeran mal las monjitas, pero hay que reconocer que les faltaba mucho mundo a las pobres, porque hasta hacía dos días aquello no había sido un colegio mixto y el contenido de las asignaturas no había cambiado casi nada: con decir que en pretecnología nos hacían hacer costura, sus lo digo tó. Por aquel entonces empecé a sacar mis primeras buenas notas en gimnasia, porque al fin y al cabo, después de años de joderte la vida a base de correr por el patio, que te hicieran bailar el hula hop, pese a lo vergpzosamente mariquita del asunto que resultaba para los varones matriculados, pues era más descansao y menos difícil, y ser cinco chavales con las hormonas a punto de explotar en una clase de treinta y tantas chavalas en edad rebelde, no era del todo desagradable. Claro que lo que siempre me tocó las narices de las monjitas era la manera que tenían de zanjar las peleas en el recreo, a base de hacer darse las manos a los que se están repartiendo leña. Me las veo de intermediarias en Irlanda del Norte:

- ¡Uy, qué veo! ¡un católico y un protestante liándose a pedradas uno y apuntando el otro con un lanzagranadas! ¡ya está bien, se acabó, los dos aquí! ¡haced las paces ahora mismo y dáos las manos!.

Así me gusta, Sor Koffi Annan, con dos pelotas... total, a quién hostias le importan detalles como el origen de la pelea, el punto de vista de ambos contendientes, el objeto de la disputa o el orgullo personal de cada uno de los hiperormonados contrincantes, así como su imagen pública o su autoestima. Seguro que en cuanto se dé usted la vuelta se ponen de acuerdo para firmar una hoja de ruta hacia la paz mundial, jo jo jo...

Pero todo lo bueno se acaba y un día dí con mis huesos en el instituto, donde aprendí dos cosas: una, que el saber sí ocupa lugar, y dos, que generalmente ese lugar es dentro de una gayata de cuatro palmos y medio introducida a presión y de canto por el orificio rectal, porque al menos en mi instituto, era el único sitio por donde te lo podías meter. Total, para lo que servía...

Pero ese capítulo se lo guardo a todos ustedes para cuando se recuperen de las arcadas y los mareos que les ha producido la lectura de éste.

Cuídense mucho y sean muy felices ^_^

8 comentarios:

Siltha dijo...

Joder, ¿tus padres eran vegetarianos estrictos? Qué turbio... Yo no tengo una posición clara respecto a lo que haría en educación alimentaria si tuviera un niño, pero no creo que lo obligase a ser vegetariano. Es decir, ya es bastante dura la infancia como para que te "obliguen" a ser el raro de turno. Supongo que alimentaría al niño con un poco de todo para que no le entrasen paranoias al compararse con otros niños pero al mismo tiempo intentaría hacerle entender de dónde sale la carne y el porqué su madre no la come. Mi madre fue vegetariana y me hizo serlo hasta que cumplí los tres años, pero de eso ni me acuerdo. Fui yo la que posterior y voluntariamente, a los quince años, decidí dejar de comer carne.
Es decir, creo que está bien que tus padres quieran que comas lo que ellos y tal, pero tienen que asumir que no pueden obligarte a ir en contra de esta sociedad intolerante en la que tan inmersos estamos desde pequeños, lo único que hacen es que acabes odiando su idea en vez de compartirla.

Darja dijo...

oyoooo cuantos cotilleos...XD

mola, mola...no sé si voy a poder esperar al siguiente capítulo...que sé que vaa ser interesante XD

Jose...espero que no te moleste pero tengo que decírtelo...yo estaba convencida desde que te conozco que los treinta ya nos los cumplias...y la verdad, no sé por qué, pero tenía esa idea en la cabeza...XD

Keirana, dijo...

Buahahaha, ¿tanto tardaste en ganar tu primera pelea con un crio? ncht, ayyyns, yo a los seis ya defendí a mis compañeritos de una engendra de octavo, que nos ponía en fila la tía cerda y nos iba sacando defectos. Desde luego no fue una pelea física, pero lo mío es el verbo y la mala leche... y la tia nos dejó en paz XD.

A los doce fue cuando apedreé a un crío que no paraba de molestarme hasta que sucedió lo que tenía que suceder... que Kei es muy paciente hasta que consigues sacarla de sus casillas, y entonces, te lanza lo primero que pilla (entonces me pilló un canto rodado mayor que mi puño, que le saltó las lágrimas al macaco y casi le revienta la cabeza...). Pero mi cole era territorio comanche y podías agredirte y subirte a las palmeras a coger dátiles sin que les importase un pito a los profes...
Una se hace dura así XD.

¿Sabes que Rufo nació en Zaragoza? Dioh míoh ya tengo dos hermanos zaragozanos... X____D

Keirana, dijo...

Por cierto... he de decir que a los tres años le di una leñe a una niñata que pretendía quitarme mis juguetes el día de mi cumple...

La hostia se la dí al día siguiente, pero seguro que se la merecía, la muy tonta...

Soy una persona violenta, debería estar en la cácel (Darja dixit).

Darja dijo...

En realidad todo es de boca...la prueba esta en que yo no tengo niguna bronca que contar...era la tipica mosquita muerta en cuya presencia nadie repara, aunque fuera la empollona de clase.

Solo tuve un inicio de pelea a los trece años o asi con el chulito de mi clase...dios, cómo lo odiaba...XD

El Jose dijo...

Siltha, sí, mis padres eran vegetarianos estrictos... pero de los años setenta. Eso quiere decir que ni de lejos tenías la sensación de ser el rarito de la clase por no comer carne, ya que en esos tiempos pues como que se llevaba. Eran los tiempos del descubrimiento apañó del yoga, la homeopatía, el tai chí, el naturismo, la revista Integral, los programas de Jiménez del osos sobre fenómenos paranommales, grupos como Mocedades triunfaban en Eurovisión... tampoco existían tiendas macrobióticas ni de comercio libre... y todo el mundo iba a comprar al mismo mercao... hasta hacía duince años la alimentación básica de la clase trabajadora uséase la nuestra eran las lentejas y como mucho el pollo los fines de semana... en fin, que eran otros tiempos. No lo recuerdo tan intolerante, es más, era como atractivo y exótico, si no fuera porque JODER, EL JAMÓN SERRANO TABA MU GÜENO!!!!

Dioses, ahora SÍ que me siento un agüelete después de soltar este rollo... :_____(

Kei, que sí, que dacuerdo, que tienes un pronto de tres pares, pero no engañas a nadie y menos a tí misma (eso te pasa por usar el serebro). Eso es porque la vida y el cole comanche te hizo asín, pero en el fondo eres una buenaza y lo sabes y todos te queremos mucho y ALÉJATE DE ESE CANTO RODAO PEAZO PSICÓPATA LOBEZNA NO ME MIRES ASÍ O LLAMO A LA PULISÍA DELINCUENTE VAGAMALEANTE MALAPERSONA INTOLERANTE ANTISISTEMA MALA MALA MALA MÁS QUE MALA!!!!!!

...

¿Puedo salir ya de debajo la cama? XD

(perdón, me has dejao la coña a güevo... eso me lo explicas un día con más detalle, kendersillo) :)

Darja, para evitar malentendidos, nací el 4 de junio del 78, de manera que aún puedo presumir de veinteañero (excepto en el ámbito de la edad mental de la parte izquierda del serebro -o la derecha, no macuerdo-, en la que me quedé en una franja indeterminada entre los diez y los veinte). Pero no me molesta en absoluto que me hayas puesto más años, total yo con la edad mejoro. O no. O yo que sé. ;)

Deka Black dijo...

¿vegetarianos estrictos? joder, que infancia mas triste, con perdon... Yo soy desantander, pero me crie en tierras mañas y no veas como me puse a jarretes y ternasco en aquella epoca. ¡Y las migas! Agua me hago al ecordarlo.

Si, si, soy malo al decir esto cuando y tu careciste de una jarretesca infancia, porque... yo tengo 32! Soy ma' viejo y ma malo (cuando me da la neura).

No, ahora en serio, ¿No te causo algun problema de crecimiento? Porque servidor, salvo que sea por prescripcion facultativa, ni muerto renuncia a su filete de toda la vida!

felices 30 Jose! (y si se tercia, otros 300, como los de Leonidas)

方大同Khalil dijo...

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